¿Qué hago si no lo puedo comprar todo eco?

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La buena noticia es que podemos priorizar algunos productos por delante de otros, ya sea por la frecuencia o la cantidad en la que los consumimos o por la cantidad de tóxicos que arrastran.

No nos engañemos, la cesta de la compra, si es ecológica, es más cara que la convencional. A pesar de que ya hay muchos estudios que demuestran que los productos bio, libres de un montón de productos químicos y/o tóxicos con los que se suelen preparar los convencionales, son más saludables, también son más difíciles y costosos de producir, por ese motivo son más caros.

A la fruta y a la verdura, por ejemplo, si durante su conreo no se le añaden pesticidas u otros productos tienen más probabilidades de ser atacadas por insectos, además de producirse en menos cantidad o requerir más cuidados. En cuanto a la ganadería, el coste de hacer crecer a un pollo en condiciones de libertad, sin administrarle antibióticos u hormonas y sin comer pienso artificial también es mucho más elevado. Y algo parecido pasa con todo el resto de productos ecológicos: su sello, si es oficial, garantiza que el producto supera unos estándares muy elevados de calidad en los que no se permite el uso de determinados tóxicos o químicos.

Todo ello se traduce en un coste elevado por parte del consumidor que, a menudo, hace el esfuerzo de invertir en su salud y apostar por la cesta ecológica. Pero, ¿qué pasa cuando no se puede comprar todo eco? La buena noticia es que podemos priorizar algunos productos por delante de otros, ya sea por la frecuencia o la cantidad en la que los consumimos o por la cantidad de tóxicos que arrastran.

Así que, ¿cuáles vale la pena comprar siempre ecológicos?

 

  1. Las frutas y verduras que comemos con piel

Espinacas, acelgas, lechuga, fresas, manzanas, peras, uvas, etc. Recuerda que la piel de la fruta y la verdura es la que recibe el impacto de los pesticidas así que, si quieres asegurarte que no comes restos químicos, es mejor que optes por la versión ecológica. De la misma forma, los aguacates, el melón, la piña, la sandía o la calabaza puedes comprarlos procedentes de agricultura convencional ya que son alimentos a los que les descartamos la piel.

 

  1. La proteína animal

Desconfía de los huevos, de la carne, de los embutidos y de los productos lácteos muy baratos. Por definición, estos productos, si son de calidad, son caros de producir por lo que su precio no puede ser muy económico. Más vale aumentar el consumo de proteínas vegetales como las legumbres, los frutos secos o los derivados de la soja y reservar tu presupuesto para carne ecológica, mucho más rica, saludable y sostenible. Tal vez la comas en menos cantidad o frecuencia, pero te aseguramos que la disfrutarás mucho más.

 

  1. El pan

A pesar de que su precio es más elevado que el convencional, es un producto ecológico asequible con el que notarás una grandísima diferencia de sabor y de calidad. El pan ecológico cuenta con hasta 4 veces menos aditivos que el convencional y no está hecho a base de grano transgénico.

 

  1. Los productos cosméticos de uso diario

Está demostrado que algunos ingredientes químicos usados en la cosmética convencional pueden acabar actuando, por el efecto acumulativo y de cóctel, como disruptores endocrinos en nuestro cuerpo y afectar así a nuestro sistema hormonal. Empieza la transición hacia la cosmética eco por los desodorantes, la pasta de dientes, el champú, el gel y la crema facial, ya que son los que más usamos y, por tanto, los que más tóxicos pueden acarrear. Poco a poco, puedes ir incorporando a todo el resto.

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