Alimentación para la longevidad y la salud plena

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En el siglo XXI tenemos la suerte de vivir más años que nunca, somos la era más longeva, pero  también la más enferma: la diabetes, el colesterol, la hipertensión, el cáncer o los desequilibrios a nivel emocional  son cada vez más comunes. Podríamos pensar que la enfermedad es el precio que tenemos que pagar por vivir más años, pero si adecuamos nuestro estilo de vida a las necesidades esenciales de nuestro cuerpo (y nuestro espíritu) disfrutaremos de una vida más plena y saludable. 

Pasar tiempo al aire libre, realizar actividad física, compartir momentos con las personas que queremos ya es un “bálsamo” para muchos desequilibrios, pero la forma de alimentarnos también juega un papel crucial en nuestra salud. Empiezan a conocerse casos de muchas personas que han recuperado la salud y la vitalidad con un cambio de alimentación y de hábitos, pero ¿Cuál es el secreto de ese estilo de vida?

Evolucionados… o no tanto

Primero hay que entender que llevamos muchos años en la Tierra alimentándonos de lo que ella nos ofrece: productos estacionales, naturales, integrales y libres de químicos y modificaciones genéticas. El supermercado y los productos procesados son una invención moderna a la que quizás nuestro organismo no ha sabido acostumbrase todavía.  El doctor Jean Seignalet en su libro La alimentación la tercera medicina muestra la relación entre los alimentos y las patologías autoinmunes. Este es sólo un ejemplo de los cada vez más profesionales de la salud que relacionan directamente alimentación inadecuada y enfermedad.

Si el organismo del ser humano no está preparado para la alimentación moderna ¿qué alimentos podemos consumir que no se alejen de nuestra naturaleza más ancestral? Sin duda, hoy en día lo más afín con nuestras necesidades es la alimentación natural y ecológica, buscar alimentos frescos y simples que nos nutran y nos den vitalidad. En la otra cara de la moneda están los alimentos que tenemos que eliminar o reducir en nuestra dieta, de hecho, esta es la parte más importante: liberarnos de aquellos productos que nos restan salud, en esta lista incluiríamos:

  • Todos los procesados y artificiales como snacks salados, bollería industrial, refrescos y zumos artificiales, embutidos, grasas trans e hidrogenizadas, azúcar refinadas en sus distintas formas, pastas y cereales refinados, etc.
  • Alimentos desvitalizados: frutas y vegetales que han crecido de forma antinatural, muchas veces desde semillas alteradas genéticamente, en suelos empobrecidos y sin la luz del sol y, por lo tanto, faltos de minerales y otros elementos esenciales. Además, cargados de pesticidas y productos químicos que aceleran su crecimiento y mejoran su aspecto, madurados de forma artificial, almacenados en cámaras frigoríficas por mucho tiempo, incluso meses.
  • Productos animales y sus derivados: carnes, leches, quesos… tratados  con antibióticos, hormonas, medicamentos, etc. Pescados alimentados con piensos artificiales en piscifactorías…

Hacia una dieta más respetuosa con nosotros mismos

La dieta natural y variada es la adecuada para todos los seres humanos. Nuestro sistema digestivo está preparado para digerir y absorber los nutrientes de los alimentos vegetales y animales, pero cada uno tiene la libertad de elegir el tipo de dieta que quiera seguir, ya sea omnívora, vegetariana o vegana.

Cuando existe un desequilibrio de salud, la dietoterapia es de gran ayuda. En algunos casos reducir o eliminar algunos grupos de alimentos durante un tiempo puede ser clave para restaurar la salud, pero cada caso es único y debe tratarse de forma individual.

Dentro de una alimentación saludable y variada encontramos varios grupos de alimentos:

  • Frutas y verduras: de temporada y de la mejor calidad posible y en abundancia. Podemos consumirlas enteras o en zumos o batidos. Incluimos aquí los brotes o germinados y las verduras del mar, las algas.
  • Cereales integrales variados: arroz, quinoa, trigo sarraceno, mijo, espelta, avena… pasta integral de buena calidad.
  • Legumbres y derivados: lentejas y judías en todas sus variedades, garbanzos, guisantes, habas, tofu, tempeh
  • Pescados: de la mayor calidad posible, de pequeño tamaño mejor, para evitar los metales pesados.
  • Carnes: ecológicas de la mejor calidad posible.
  • Lácteos: preferiblemente de cabra u oveja.
  • Semillas y frutos secos: crudos o tostados que nos aportan minerales, vitaminas, ácidos grasos esenciales y proteínas.
  • Aceites de primera presión en frío: de oliva, de coco, de semillas (girasol, calabaza, lino, cáñamo…)

Estos grupos de alimentos son los que deben formar la base de nuestra dieta habitual.  A partir de ahí la alimentación de cada uno debe adaptarse a sus gustos y necesidades y nutrir no sólo el cuerpo, sino satisfacernos y hacernos más felices.

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