Cómo prevenir y paliar las dolencias articulares

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Los problemas y trastornos articulares son una de las dolencias más frecuentes y pueden darse en muchas etapas de nuestra vida. Las articulaciones incluyen diferentes estructuras de nuestro organismo, como huesos, cartílagos, ligamentos, tendones y músculos, y son las responsables de la capacidad de movernos y desplazarnos. Estas estructuras continuamente están sometidas a la acción mecánica del movimiento, la presión y la gravedad. Además, hay otros factores que también las afectan, como la acumulación de ácidos y otras toxinas en tejidos articulares, y el efecto negativo del estrés físico y emocional.

Como resultado, encontramos diferentes dolencias articulares: desgaste del cartílago articular con inflamación (artrosis), inflamación de las articulaciones con rigidez y dolor (artritis), adelgazamiento de la densidad ósea (osteopenia), porosidad de la masa ósea (osteoporosis), contracturas musculares, tendinitis, fibromialgia, etc. Cada dolencia requiere una medidas particulares, pero en todas ellas podemos tener en cuenta diversas recomendaciones generales que pueden ayudar a mejorar el estado articular, aliviando el dolor, la rigidez y la inflamación.

Posibles causas
Primero de todo, en dolencias crónicas es importante asegurarse de que no exista ningún foco infeccioso o tóxico que esté provocando un flujo continuo de toxinas en sangre y su acumulación en tejidos, causando la inflamación de algunas estructuras articulares. Para ello, hay que controlar posibles infecciones crónicas en boca, garganta, intestinos u otros lugares y, si las hubiera, curarlas.

Otra posible causa a vigilar es la intoxicación por metales pesados, como consecuencia de amalgamas metálicas en dientes, ingesta de alimentos contaminados o el contacto con dichos metales a través de tintes, desodorantes o productos cosméticos.

La acidez de los tejidos debida a una incorrecta alimentación o el estrés puede ser otra causa a considerar. Un exceso de ácidos y toxinas alimentarias provoca su acumulación en articulaciones. Esto causa inflamación y dolor crónico, además de la paulatina destrucción de dichas articulaciones por la necesidad de contrarrestar la acidez extrayendo del propio cuerpo sustancias alcalinas que la neutralicen, que se acumulan sobre todo en huesos y cartílagos. Por ello, es fundamental una alimentación muy alcalina, rica en bebidas verdes, vegetales, hortalizas, aceites ricos en omega (como los aceites de pescado y el de lino). Por el contrario, debemos reducir al máximo el consumo de carne, sal, azúcar, harinas y aceites refinados, y alimentos procesados.

Prevención y mejora de dolencias
Además de un cambio a una alimentación más alcalina, que cada uno debe adaptar a sus gustos y particularidades, es muy aconsejable llevar a cabo una buena depuración del organismo con plantas depurativas y antiinflamatorias. Algunas de ellas son, por ejemplo, el grosellero negro, abedul, ulmaria, diente de león, alcachofera, ortiga, harpagofito, uña de gato, resinas como la boswellia o especias como la cúrcuma.
En esta depuración tenemos que recordar la gran importancia de un colon limpio, libre de estreñimiento gracias a la dieta adecuada que hemos recomendado. Otra ayuda puede ser una fibra adicional, como el psyllium, o algún alga para la limpieza intestinal y protección hepática, como la chlorella.

Por último, es importante recordar que las articulaciones, gracias a las que nuestro cuerpo se mueve, necesitan ejercicio y de movimiento moderado para no anquilosarse, mejorar el flujo de la energía y la circulación de la sangre y otras sustancias, y favorecer la eliminación de deshechos y toxinas. Por ello, caminar al menos 20m cada día, nadar, aquagym, yoga, pilates, tai-chi o cualquier otro deporte moderado que nos guste es fundamental.

¿Preparados para movernos?

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